por David Sánchez Usanos

Cada cierto tiempo una pregunta me viene a la mente: ¿se puede ser demasiado inteligente para ser buen escritor? Obviamente se trata de una cuestión insoluble, pero a veces me divierte pensar en estas cosas y jugar con nombres y libros. Italo Calvino creo que es un candidato ideal para este esparcimiento.

Podríamos debatir acerca de la su calidad como escritor de ficción, pero lo que está fuera de toda duda es su inteligencia y eso es algo que resplandece en su faceta crítica. La mirada felina con la que aparece en algunas fotos armoniza con la perspicacia que destilan libros como el que nos ocupa (en este sentido, la portada de Siruela resulta de lo más adecuado). Quizá sus fabulosas Lezione americane (Seis propuestas para el próximo milenio) o Por qué leer a los clásicos sean textos más conocidos, pero en Punto y aparte. Ensayos sobre literatura y sociedad también hay fuego. Se trata de una colección de piezas breves en la que encontramos conferencias, reseñas o entrevistas y que, a diferencia de los dos títulos mencionados, fue publicada en vida del autor (estos ensayos, con anterioridad a esta lujosa edición en la «Biblioteca Calvino» de Siruela, aparecieron en la editorial Tusquets en el año 1995).

A pesar de que muchos de estos textos son «de encargo», es decir, que a menudo responden a un contexto y a unas exigencias muy determinadas, su interés trasciende con mucho esa circunstancia y en todos ellos encontramos alguna reflexión —sobre la literatura, sobre la política, sobre el lenguaje— que, en cierto modo, nos pone en guardia. A ello contribuyen algunos ensayos que sí podríamos considerar «mayores» dentro de esta colección y que incluso parecen formar algo parecido a un sistema: «Naturaleza e historia en la novela», «El mar de la objetividad», «Los beatniks y el sistema» y «El desafío al laberinto».

Calvino sabía que «literatura» rima con «modernidad» y que, a ratos, la escritura y su evolución de tramas, temas y estilos es el mejor diapasón con el que medir la vibración del tiempo. Con la tríada «Individuo, naturaleza e historia» construye una lente con la que examina la producción literaria de los dos últimos siglos con la vista puesta en el presente, en esta extraña mezcla de burocracia, violencia y desasosiego que en ciertas ocasiones llama «el laberinto». Por el camino nos va dejando sabrosas consideraciones que, como mínimo, nos invitan a leer de nuevo, a replantearnos nuestro propio canon:

Para Conrad, el hombre está suspendido entre dos imágenes del caos: la de la naturaleza, o del cosmos, universo oscuro y sin sentido; y la del fondo oscuro del hombre, de su inconsciente y de su sentido del pecado. Conrad no se detiene a analizar ni la una ni la otra; sus héroes son los que, a pesar de una o de otra imagen, consiguen mantener a salvo la nave. Estar a la altura de las circunstancias, tanto sobre la cubierta de la nave como sobre la página, es el ideal moral de Conrad

En Punto y aparte también hay sitio para el homenaje —honesto y justificado— y la «conversación» con Pavese, Vittorini y Fourier. Italo Calvino era marxista, sí, pero, a diferencia de otros correligionarios, no era ningún pesado y su prosa no se encasquilla con ejercicios criptográficos. Al contrario, estas páginas resultan tremendamente entretenidas, llenas de humor e ingenio como están, con independencia de que nos sintamos más o menos próximos al autor de El capital. Además de pensamientos de carácter general sobre lo literario, su naturaleza y su función, podemos encontrar agudas observaciones sobre algunos aspectos mucho más específicos como lo cómico, lo erótico, lo fantástico o lo grosero.

No sé si Calvino amaba la literatura, porque no sé si se puede amar el aire que se respira; para este italiano ígneo la literatura era una estrategia de diagnóstico pero también una herramienta de intervención, le fascinaba lo abigarrado del mundo contemporáneo pero aún le fascinaba más el hombre, «Lo que me interesa es el mosaico en que el hombre se encuentra empotrado, el juego de las relaciones, la figura que hay que descubrir entre los arabescos del tapiz. Porque sí sé es que de lo humano no puedo escapar».

Este no es un libro que nos vaya a enseñar a escribir mejor —a estas alturas ya sabemos que esos libros no existen—, pero sí es, como decíamos, un libro que nos puede enseñar a leer de otra forma y que, a propósito de la literatura, nos ofrece reflexiones sobre el mundo, la vida y el hombre que en otro tiempo parecían patrimonio exclusivo de la filosofía. Punto y aparte nos deja con ganas de más: de leer más, de saber más, de aproximarnos más a un Calvino que aquí aparece como un tipo lúcido y honesto, cualidades más extrañas de lo que parece en el negocio de las letras.

Quien crea poder superar los laberintos huyendo de su dificultad se queda al margen; pues no es pertinente pedir a la literatura que, una vez presentado un laberinto, proporcione también la llave para salir de él. Lo que puede hacer la literatura es definir la mejor actitud para encontrar la salida, incluso aunque ésta no sea más que un pasadizo que conduce a otro laberinto. Lo que queremos salvar es el desafío al laberinto, lo que queremos separar y distinguir de la literatura de la entrega al laberinto es una literatura de desafío al laberinto

Se divierte en clase. Literatura, filosofía, r’n’r. Trata de tomárselo con deportividad.

Un niño, un libro, una moto.

https://youtu.be/nhbSYP8cyD8
David Sánchez Usanos
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Se divierte en clase. Literatura, filosofía, r’n’r. Trata de tomárselo con deportividad.

Un niño, un libro, una moto.

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