El universo de la música popular de estos dosmiles está repleto de buenos grupos. Pero, en no pocos casos, parten con unas expectativas demasiado bajas, son bandas competentes que se niegan a correr sin grilletes, que no se atreven a saltar sin red. No es un problema de calidad, ni de canciones o de registros musicales minoritarios, es una cuestión de ambición, una (auto)limitación en la forma de sentir. Por los festivales y los foros de música desfilan músicos excelentes que deliberadamente entregan su propuesta en un cofre de dimensiones reducidas, grupos que se conforman con ser agradables o especiales, pero que, como dijo Norman Mailer, renuncian a batear en las grandes ligas.

Insisto, no se trata de lo que logran sino de lo que intentan. A veces parece que lo máximo a lo que quiere llegar un grupo es a ponerle banda sonora a un anuncio de Vodafone o a ser telonero de U2, ¿es que ya nadie aspira a llenar estadios, a crear himnos? No sé si Biffly Clyro lo conseguirán alguna vez, pero por Tutatis que lo merecen. Digo lo de llenar estadios, porque himnos ya tienen unos cuantos.

A ver, puede que haya quien diga que ya lo han conseguido: estos tres tipos llevan en esto desde el 95 y sus dos últimos discos, Puzzle (2007) y Only revolutions (2009) hicieron bastante ruido en Gran Bretaña. Pero creo que con Opposites (2013) estamos hablando de otra cosa, de algo grande de verdad. Con este álbum Biffy Clyro se lo juegan todo al rojo. Disco doble, veintidós canciones nuevas en las que se han dejado el alma y que este verano defenderán sobre los escenarios de media Europa. Es su particular Use your Illusion (tenía que decirlo).

Personalmente creo que lo tienen todo para llevarse el cetro: melodía y contundencia, estribillos sólidos, un cantante que conoce su oficio y está dotado para ello (basta ya de tipos que se acercan al micro porque nadie más en el grupo quiere hacerlo) y un disco inapelable.

«Different people» empieza con serenidad, pero después se va acelerando progresiva y sincopadamente, para finalizar por todo lo alto y que «Black Chandelier», un fabuloso medio tiempo, le dé el relevo si cabe con mayor eficacia. Opposites está lleno de buenas canciones, de armonías que bien construidas, pero eso es algo que se ve desde el principio, así que, quien no se quede enganchado a «Sounds like balloon» («The land at the end of our toes / goes on, and on, and on, and on…»), será mejor que abandone la escucha en este punto: Biffly Clyro no son los suyo. Canciones, estábamos hablando de canciones, porque, a pesar de lo extraño que se haya vuelto este negocio, para acceder al trono sigue haciendo falta un single, una píldora que represente a la perfección el sonido del grupo, que encaje en la radio, en la tele, en Spotify o dónde diablos se pueda descubrir música hoy en día.

La historia del rock está llena de relativos fracasos por no haber sabido escoger el single adecuado para promocionar un disco. No es el caso de Biffy Clyro: tienen esa canción, han elegido bien. «Biblical», el tercer sencillo de este Opposites, es el tema. Su sonido recuerda a mucho de lo mejor que nos ha dejado el nuevo siglo: a Arcade Fire cuando funcionan, a Kings of Leon cuando dan con la tecla a, en fin, aquel fabuloso Send away the tigers de Manic Street Preachers. «Biblical» rima con magia.

Biffy Clyro también saben defenderse cuando la cosa se acelera, como en «A girl and his cat». Aunque, por ponerles un único «pero», en los temas más rápidos —como en el que acabamos de mencionar, en ciertos momentos de la inicial «Different people», o en «Little hospitals»— creo que la batería no termina de encajar del todo, no sé si le falta o le sobra algo, pero considero que en determinados momentos no está a la altura. Se trata de algo que estaba más presente en sus anteriores lanzamientos, más aguerridos y algo dispersos, pero en este disco es un problema menor. Se trata de un matiz que deberían pulir pero que, con todo, no ensombrece la excelencia de Opposites cuyo primer disco se cierra con la bella «The Thaw» (también hay un bonus track instrumental de piano y violín que deja muy buen sabor).

La segunda entrega comienza con unos instantes de batería y distorsión que podrían confundir a muchos, pero en seguida hace su aparición la brillante voz de Simon Neil y nos encontramos de nuevo en terreno conocido: «Stingin’ Belle» es una canción hecha con vocación de estadio, de las que se corean con las luces encendidas y miles de brazos acompañan el ritmo de esa gaita final. Estos tíos merecen ser cabeza de cartel.

«Pocket» es la demostración de que la estructura clásica de este asunto sigue funcionando a la perfección: tres minutos, guitarra-bajo-batería, estribillo, melodía y solo de guitarra. «Accident without emergency» me parece una propuesta muy interesante en la que una balada se enreda sobre sí misma, atraviesa varios picos de electricidad y concluye de nuevo plácidamente. «Picture a Knight fight», que precede a otra pieza extra instrumental, es un magnífico broche para un álbum que debería servir para que Biffy Clyro estuvieran en boca de todos.

Opposites es un disco muy variado, quizá hemos dado más peso a la profundidad que sin duda tiene este grupo, pero lo cierto es que algunos de los temas que no se han mencionado aquí podrían encajar sin problemas en una banda sonora de adolescentes con monopatín o en una road trip al uso. A lo mejor ésa es la cima de Biffly Clyro, su lugar natural, y mi entusiasmo obedezca únicamente a las ganas de reencontrarme con un grupo con mayúsculas. El caso es que estos escoceses me han ganado y espero con toda mi alma que, cuando tenga que hablar de ellos en el futuro, no me venga a la cabeza el título de aquella película de John Huston, El hombre que pudo reinar. Mientras tanto, el verano es suyo.


Opposites

  • Biffy Clyro
  • 2013
  • 14th Floor
Se divierte en clase. Literatura, filosofía, r’n’r. Trata de tomárselo con deportividad.

Un niño, un libro, una moto.

https://youtu.be/nhbSYP8cyD8
David Sánchez Usanos
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