Todos los grandes escritores aportan sus propias palabras al idioma. Uno no puede aspirar a la genialidad sin sembrar uno o dos conceptos de nuevo cuño. El paradigma es Shakespeare, claro, de quien se dice que sus contribuciones al inglés bastarían para crear, si no una lengua nueva, sí un dialecto bien surtido. Esta necesidad de crear idioma donde no lo hay, de expandir el territorio de la lengua, es parte de la función del escritor. Condenado a utilizar un medio que es, a la vez, insuficiente y fecundo, demasiado restringido y descomunalmente inabarcable, el escritor tiene que testar las costuras de la lengua. Un asunto tan grave merece una broma de vez en cuando.

Lleva tanto tiempo Andrés Neuman en esto de ser escritor que casi parece ya uno de esos nombres de toda la vida. Sin embargo, vamos a recordarlo una vez más, Neuman aún no ha llegado a los cuarenta, que es la edad a la que a los escritores les recuerdan que apenas les quedan diez años más de llevar el traje de mocedad. Los escritores más jóvenes de hoy miran con mucho asombro la edad (veintidós años) con la que Neuman se presentó en la primera línea de la literatura española, cuando fue finalista del premio Herralde con aquella novela breve titulada Bariloche. Ganar el Herralde con veintidós años suena hoy un poco como a los goles de Zarra: gestas de otra época.

Antes de Bariloche Neuman había pasado por la poesía. Después de Bariloche  Neuman ha persistido con la novela y también con la poesía y con el cuento; ha escrito libros de aforismos, guiones para cómic, artículos periodísticos y este Barbarismos, un libro de definiciones que juegan, precisamente, a balancearse entre los géneros, con un pie en el epigrama, otro en el aforismo, otro más en el diccionario y algún apoyo en la lírica.

Neuman empieza por la sátira y casi nunca llega a la comedia, lo cual no quiere decir que abandone el humor. En el libro vemos de forma evidente el interés en hacer una crítica, no demasiado moralista (por suerte) alrededor de un momento económico y social. De vez en cuando hace una parada en el camino para hacer una visita por el campo del arte, por el uso de la antinomia y del absurdo.

Mi impresión es que es precisamente en estos momentos, cuando el libro de Neuman baila con el absurdo, cuando resulta más eficaz. Decíamos arriba que el libro empieza por la sátira y casi nunca llega a la comedia, y es verdad, pero también recorre un camino que vaga entre la inteligencia, el ingenio y el cinismo con diversa fortuna. Las definiciones más valiosas son las que se acercan al calor de la inteligencia y del ingenio, las que se refieren al arte o a la literatura. Las más cínicas, en cambio (siempre en la opinión de quien escribe) funcionan peor, lo cual no deja de ser curioso, puesto que los dos antecedentes más notables de este Barbarismos, los ya mencionados Diccionario del diablo y el Diccionario de lugares comunes son dos libros fundamentalmente cínicos.

Es posible que el mejor ejemplo de esto sea la definición de la palabra post, en la que encontramos una doble acepción: «Prefijo que llega tarde a todas las palabras || 2. En el diseño de los blogs, texto que se coloca encima de los insultos». En la primera salta un ingenio fresco. En la segunda el cinismo queda un tanto ramplón.

Muy cerca de post encuentro la definición de pene: «Modesto apéndice que provoca toda clase de vanidades». A Neuman el cinismo no le acaba de sentar bien.

¿Dónde funcionan los Barbarismos? Como ya se ha dicho, en el feudo del ingenio y de la literatura, dos categorías que pertenecen a ámbitos diferentes y que, cuando se encuentran, provocan las colisiones más afortunadas.

Ping-pong: Pareja de individuos empeñados en decir la última palabra.

Falda: Expectativa del viento.

Quiniela: Documento que prueba cómo en todo hincha se oculta un mercenario.

Hay que tener en cuenta que un libro como este tiene un funcionamiento particular. Barbarismos no se ha hecho para leer de corrido aunque, respecto a sus ilustres precedentes, diría que puede presumir de mayor unidad.  Si fuera un paisaje (y no tiene por qué ser otra cosa) se parecería a un jardín. No es un lugar para estar mucho tiempo, pero puede ser muy agradable para hacer visitas esporádicas y cortar una que otra flor. Si el lector decide acercarse a él, le recomendaría olvidar todo lo que ha leído hasta ahora y no hacer caso de categorías externas acerca de qué es lo que funciona y lo que no acaba de funcionar. Este Barbarismos es un terreno yermo para la crítica, por lo que nunca será considerado el gran libro de Neuman, pero puede ser muy fértil para el lector. No lo lea de corrido. Déjese caer sobre alguna definición al azar y busque la que más le convenga.

Finanzas: superstición disfrazada de pragmatismo.

por Miguel Carreira

Licenciado en Humanidades. El que lleva todo esto a nivel de edición, etc. Le puedes echar las culpas de lo que quieras en miguel@enestadocritico.com. Es público y notorio que admite sobornos.
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Miguel Carreira López

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