Arrested Development

En uno de los primeros capítulos de Arrested development, Lucille Bluth (Jessica Walter), la madre de la familia Bluth, está visitando en el hospital a Gob, su hijo mayor. Resulta que a Gob lo han apuñalado en la carcel, la misma carcen en la que está su padre, que es, un empresario corrupto y donde Gob se ha encerrado voluntariamente para poder fugarse y aumentar su prestigio como mago, porque Gob es un aspirante a mago fracasado de cuarenta años que tiene una acusada propensión a matar accidentalmente las palomas de sus trucos, que es incapaz de dominar un truco que consiste en lanzar una bola de fuego de la nada (a pesar de que este es su truco de cabecera y que lo utiliza casi como tarjeta de visita y/o/lamentablemente como herramienta de seducción). Gob tiene otros motivos para hacerse encerrar. En primer lugar, no tiene dónde vivir. Se ha peleado con su novia, una actriz de culebrones en español que su hermano (Michael Batema) intenta seducir de forma paralela. Su madre lo desprecia, sus sobrinos lo ignoran y acaba de ser expulsado de la alianza de Magos por desvelar accidentalmente trucos de Magia.

Todo esto suce en la temporada 1 y Gob es un personaje “secundario” —aunque en Arrested Development no se puede hablar de secundarios propiamente.

Quizás lo más llamativo de Arrested development (que, por cierto, puede que sea la serie más divertida que vaya a ver usted jamás) es esta estrategia de ataque por saturación. En la serie todo es excesivo. En las primeras temporadas el personaje principal es Michael Blooth, pero casi en seguida ese protagonismo se diluye en toda una familia de individuos altamente disfuncionales que se pasan entre ellos diferentes tramas. A diferencia de otras series en las que se escoge “un tipo de humor determinado” Arrested development parece que los quiere utilizar todos a la vez.

Es cierto que el motor principal es la sátira. Arrested development se concibió como una sátira de las típicas comedias familiares norteamericanas de los noventa. Esas en las que las tramas se cerraban a los noventa minutos con un mensaje dulzón y positivo.

Lo curioso es que, para el año 2003 la sátira ya llegaba tarde. El formato de la sitcom familiar ya estaba agotado y de hecho hacía tiempo que varias series habían superado, desde la ironía, a su referente. Incluso la gran serie paródica de la fórmula de la sitcom tradicional, Los Simpson, estaba ya agotada y desde hacía años se arrastraba animada por una autorreferencialidad que, a la postre, es lo que la ha seguido manteniendo durante demasiados años. Así que Arrested Development, más que como una sátira, nació como una sátira sobre algo que ya no era satirizable y pronto se fue convirtiendo en otra cosa: en el registro de que ya la televisión y el público de comedias habían entrado en una fase diferente. Junto a otras, Arrested Development fue la punta de lanza de una nueva forma de hacer comedias de la que luego saldrían productos más famosos como The Office o Veep.

No es fácil entender por qué la serie funciona y por qué es tan divertida. A diferencia de otras grandes series (y no hablamos sólo de humor) Arrested development nunca fue el proyecto de un showrunner. No existe la marca de agua de un creador que haya conseguido sacar adelante un trabajo en el que se contenga una visión cómica personal que consiga conectar con el público a base de crear un tipo de humor que no estaba catalogado (como puede ser el caso de Seinfeld). Arrested development nació como un encargo de Ron Howard a Michael Hurwitz y, aunque muchos de los nombres que participaron en ella se han hecho un nombre en el cine con los años (Greg Mottola, Paul Feig y los ahora famosísimos hermanos Russo) está claro que nunca, ninguno de ellos, ha llegado a hacer nunca algo tan divertido. De hecho, quizás con la excepción de Feig, ninguno ha seguido haciendo productos decididamente humorísticos.

Es verdad que la efectividad de la serie no se entiende sin un reparto que encarna eso que se llama “estado de gracia”. Desde los más veteranos (Castor o Walter) hasta debutantes, como Michael Cera, que empezaba aquí a labrar ese personaje que ya no podemos disociar del actor.

Pero probablemente lo más llamativo de Arrested Development sea esa brutal hipertrofia de recursos. Todo pasa muy rápido, a mucha gente y de muchas formas distintas. En un capítulo de veinte minutos da tiempo para que nueve personajes principales recorran nueve tramas que se entrelazan, se deshilachan, se pierden y se recuperan a toda velocidad. Da tiempo para meter todos los recursos. Caben guiños, caben porrazos, cabe slapstick, caben juegos de palabras, parodias, e incluso actualidad política. Da la sensación de que es un potaje en el que alguien ha decidido que la fórmula de “meterlo todo en el puchero” sólo pude mejorar una receta.

Y, sin embargo, funciona.

Licenciado en Humanidades. El que lleva todo esto a nivel de edición, etc. Le puedes echar las culpas de lo que quieras en miguel@enestadocritico.com. Es público y notorio que admite sobornos.
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Miguel Carreira López

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