Cerebro(s)

Hoy pensamos que pensar el cerebro es pensarnos a nosotros, que la mirada sobre el cerebro es, en cierto sentido, la mirada más íntima, aunque también es una mirada incómoda. Cuando levantamos el capó y vemos ese amasijo de conexiones, de complejidad infinita, nos resulta desasosegante, quizás porque, a pesar de esa complejidad, vemos las fronteras de nuestro propio ser y no acabamos de encontrar el sitio del alma, a la que nos cuesta renunciar. Más allá de los sentimientos religiosos ¿no debería estar ahí? ¿Dónde está lo que nos diferencia? ¿Dónde estoy yo? ¿Acaso somos solo patrones de información interrelacionándose en un vértigo absoluto? ¿Y por qué? ¿Y para qué? Hay una broma sobre esto que es vieja pero sigue funcionando: si nuestro cerebro fuese lo bastante simple como para poder entenderlo seríamos demasiado estúpidos para hacerlo.

La exposición Cerebros del CCCB vuelve a crearse en un terreno entre diferentes disciplinas. Arranca en el terreno de la historia, con una pequeña exposición de las primeras herramientas hechas por el hombre. Porque de eso trata la exposición. A pesar de que tengan una pequeña presencia cerebros de otros animales (básicamente ratones y monos) y de que se haga alguna referencia a otras formas de organización de la inteligencia (termitas, hormigas…) están ahí sobre todo para darle la réplica al actor principal. El cerebro humano. Nosotros.

The world was very large. Then

the world was small. O

very small, small enough

to fit in a brain

Louise Gluck. “Aubade”

La idea de que el cerebro es la sede de la conciencia y el pensamiento no siempre estuvo ahí. Hicieron falta años para entender el funcionamiento de ese órgano tan extraño y pesado. Aristóteles pensaba que tenía como función principal la refrigeración de la sangre, a pesar de que otras culturas ya se olían algo de que el amasijo de cables servía para algo más importante.

Ha habido una tendencia a equiparar el cerebro con la tecnología humana. Como si sospechásemos que esté intentando emularse a si mismo de alguna manera. En los primeros años de la revolución científica, con las primeras máquinas, Descartes pensó que el cerebro se parecía, sobre todo a una máquina. Luego llegaron los ordenadores y durante años mantuvimos que el cerebro era un ordenador. Con la llegada de Internet y la nube nos hemos dado cuenta de que el cerebro humano es algo así como el nodo principal de una red de información en la que se implica todo el cuerpo.

La exposición va recorriendo la forma en la que evolucionó nuestra concepción del cerebro, pero no se limita a lo histórico. Se detiene en el momento actual, en el que la tecnología nos está ayudando a entender el cerebro con una precisión cada vez mayor, sin que hayamos podido aún sonsacarle los secretos más profundos de su mecánica. Nos lleva también por nuestra relación con el cerebro. Un viaje que tiene una parada obligatoria en la enfermedad, donde nos enfrenta a esas enfermedades que golpean directamente la línea de flotación de nuestra conciencia y de la percepción de nuestro yo. ¿A dónde vamos cuando no nos vamos? ¿Qué pasa con nuestro yo cuando el cerebro enferma, pero nosotros seguimos aquí? ¿Estamos hechos de memoria? ¿Y si es así cuánto espacio queda para nuestra libertad?

The brain seen from the underside, sectioned horizontally; with attention to the part associated by Hollander’s system of phrenology with memory for numbers. Photomechanical reproduction, 1901, after etching, 1809. – 1901 – Wellcome Collection, United Kingdom – CC BY.
https://www.europeana.eu/item/9200579/czxcb99y

Para rebajar el nivel de intensidad, a media exposición se proponen una serie de ilusiones, muchas de ellas ya populares, pero que siguen sorprendiendo. También hay un robot. Uno de verdad. No es exactamente de película, pero cuando uno lo ve moverse se da cuenda de que no había visto un robot de verdad antes. La sensación es un poco parecida a ir a un concierto por primera vez. Spotify tiene sus ventajas pero, oiga, esto es otra cosa.

A decir verdad, el principio de la exposición hace que uno levante un poco la guardia. Hay bastante información del tipo láminas-dibujos-textos, información de ese tipo y organizada de esa forma que le llevan a uno a preguntarse por qué eso es superior a por ejemplo, leer un libro en casa. Mientras vamos avanzando nos damos cuenta de que esa información nos da un contexto, probablemente necesario. A pesar de que hay cierto abuso de eso que gusta tanto ahora de colocar en vitrinas libros que hablan sobre el tema a tratar (¿Por qué con las entradas a estas cosas no se adjunta una bibliografia para quien quiera profundizar en el tema? ¡Lo digo en serio!) la exposición va abriéndose poco a poco, generando nuevos temas y llega a ser fascinante de verdad.

No se me ocurre ninguna razón para no maravillarse delante de las reconstrucciones de redes neuronales que las técnicas modernas permiten conseguir. Tampoco para no sentir verdadero pavor al ver los retratos de William Utermohlen, que se retrató a si mismo sucesivamente después de haber sido diagnosticado de Parkinson: una película de terror contada en cuatro retratos.

Todo eso somos nosotros. Amor, humor, terror y error. Y así es él. Merece la pena pasarse a visitarlo.


Cerebros

CCCB

Comisariado: Emily SargentRicard Solé

27 julio — 11 diciembre 2022

Licenciado en Humanidades. El que lleva todo esto a nivel de edición, etc. Le puedes echar las culpas de lo que quieras en miguel@enestadocritico.com. Es público y notorio que admite sobornos.
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Miguel Carreira López

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