Marvel: La historia jamás contada

No sé si se habrá mencionado en alguna parte el parecido, pero el libro que Sean Howe ha escrito sobre la historia de la Marvel me ha recordado mucho la memorable obra de Peter Biskind, Moteros tranquilos, toros salvajes. En ésta, se trataban de comprender los motivos por los que, durante los años 70, se produjo la explosión de creatividad que tuvo lugar en el cine americano. La respuesta apuntaba hacia un cóctel de drogas, ego y talento mezclado en el interior de una máquina de hacer dinero cuyo único objetivo era ése: hacer dinero en una época en la que las drogas, el exceso de ego y el talento eran demandados por el público.

En Marvel no había tantas drogas, claro. Unos cuantos porros y LSD en los 70, cuando llegaron gente como Starlin y Gerber, pero poco más (la heroína de Sienkiewicz no se menciona en el libro, así que correremos sobre el tema un tupido velo). Sin embargo, de talento y egos estaban sobrados, como en Hollywood, y la maquinaria de hacer dinero también había sido perfectamente engrasada. El resultado es más o menos el mismo que describía Biskind: un legado de obras, a mi parecer, fascinantes, y un largo rosario de vidas destrozadas por la avaricia corporativa.

Es bien sabida la historia de Lee y Kirby, y cómo este último, a pesar de haber creado algunos de los personajes de ficción de mayor rentabilidad económica del siglo XX, no vio nunca reconocida en público su autoría por parte de la empresa que se adueñó de sus creaciones. Pero no fue el único.

El caso de Steve Ditko fue incluso más vergonzoso, considerando que durante un buen tiempo era él quien guionizaba y dibujaba Spiderman, sin intervención de Lee ni siquiera para elaborar los argumentos. A su lado los continuos maltratos y robos perpetrados por la Marvel a Steve Gerber (Howard el Pato), Marv Wolfman (Blade) y muchos otros en nombre de la propiedad intelectual fueron calderilla comparado con el trato que recibieron Kirby y Ditko. Este es el punto de partida de Howe, algo que no cesa de repetir de forma implícita a lo largo de su libro: para entender el significado de los cómics de superhéroes hay que entender que la industria que los produjo era una industria que negaba a sus autores todo derecho hacia los personajes que habían creado, y que era una industria que pagaba a sus autores lo justo como para que tuvieran que estar encadenados a una mesa de dibujo siete días a la semana si querían pagar su hipoteca y tener una vida digna. (No se llegó a contemplar la posibilidad de pagar seguros médicos hasta, aproximadamente, la segunda mitad de los 70. Kirby se fue de la Marvel, de hecho, porque trabajando para ella no tenía garantizada la atención médica).

Los condicionantes sociales, económicos y empresariales (la “superestructura”, en términos marxistas) determinan en buena medida la naturaleza del “arte” (las comillas no se deben a que esté hablando sobre superhéroes, sino porque la palabra en cuestión debería ir siempre entrecomillada). Esto, que tantas y tantas obras de carácter académico solo tienen en cuenta de una manera abstracta, es acatado al pie de la letra por Howe, explicando en todo momento cómo ciertos criterios económicos (en su mayor parte, de carácter especulativo) determinaban y siguen determinando casi todas las decisiones creativas. Uno de los grandes aciertos de este libro es, precisamente, tratar a la Marvel como lo que siempre ha sido: una empresa y solo una empresa, cuyo objetivo nada tiene que ver con proteger la integridad creativa de sus trabajadores, ni mucho menos, pero tampoco con fabricar el mejor producto posible. Maximizar beneficios. Tan solo se trata de eso.

Lo cual provoca todo tipo de actitudes en los actores de esta opereta. Por un lado, están los que bajaban la cabeza y callaban (sobre todo algunos de los veteranos como John Romita, pero también hay ciertas sorpresas, como la de John Byrne declarando en contra de Marv Wolfman durante su juicio contra la Marvel). Los hay también, como en todos los trabajos, quienes transforman su rabia contenida en envidia por sus compañeros cuando éstos reciben un trato mejor (caso de Vince Coletta, el niño que protesta cuando a él le castigan y a los demás no). Luego están los rebeldes, los que se niegan a pasar por el aro e intentan dar por culo siempre que pueden (Miller, Simonson, Starlin, Gerber y otra gente bastante simpática). Y por supuesto, los que aunque se ven forzados a pasar por el aro no se callan las injusticias (Kirby).

Y por último está Stan Lee.

El gran mérito de Marvel: La historia jamás contada es que no comete un importante error en el que sí cae el libro de Biskind: aferrarse a héroes (Hal Ashby, en su caso) y villanos (casi todo el resto). Por supuesto, si alguien es el héroe en la historia que cuenta Howe es Jack Kirby. ¿A quién no le cae bien Kirby? ¿Quién piensa que se haya hecho justicia con él? Sin embargo, Howe no convierte en ningún momento a Stan Lee en un villano. Un ser rastrero, sí. Pero no un villano.

De hecho, gracias a ello, quizá sea el personaje más interesante de esta narración, pues nadie es retratado con más luces y sombras que él. Sí, Lee ninguneó con frecuencia (deliberadamente o no) a los co-creadores de sus personajes, especialmente a Kirby y a Ditko. Sí, tal vez hubiera podido conseguir más para ellos si hubiera tenido una actitud menos servil ante sus superiores. Sí, tal vez fuera incapaz de escribir diálogos medianamente legibles. Pero cómo no sentir que Howe toca una fibra de autenticidad humana cuando le presenta como un pobre hombre que, después de tener todo lo que había deseado en sus manos, ser considerado un gran creador de cómic, malgastó el resto de su vida tratando de vender sus creaciones a Hollywood, durante más de 30 infructuosos años. La coda de esta historia es que cuando por fin una película de la Marvel, Spiderman, llega a triunfar, la empresa le pagó con la misma ingratitud que a Kirby y a Ditko: dándole nada.

Lee me recuerda, en el libro de Howe, a uno de esos tipos antipáticos, estúpidos y más grandes que la vida, de los que Scorsese solía hablar en sus películas antes de conocer a DiCaprio. Una de esas personas cuyo fallo trágico es tan evidente, y su perdición inminente tan fácil de anticipar, que no puedes por menos que sentir cierta simpatía (e incluso compasión) por él. Solo para, en un giro final, volver a sentir asco: Howe no nos oculta que Lee, a pesar de su profundo desencanto con la Marvel, no ha terminado “del todo” como Ditko o Kirby; al fin y al cabo llegó a un acuerdo de 10 millones de dólares con su antigua compañía para evitar demandas de copyright por su parte.

Hay tanta gente como Lee en el mundo… Gente sin la cual el capitalismo corporativo lo tendría mucho más difícil para joder la vida de sus empleados. Y sin embargo, los motivos de Lee son tan humanos, tan faltos de malicia…

Quizá a Marvel: la historia jamás contada, le falte el desenfreno de Moteros tranquilos, y rara vez llegue a los deliciosos niveles de absurdo a los que llegaba Biskind gracias a John Millius o Paul Schrader (solo hay en el libro de Howe un momento comparable: cuando se relata la adolescencia de Jim Steranko y su afición al escapismo y a atracar gasolineras con subfusiles robados), pero en cambio, carece de la ocasional arrogancia de esa otra obra maestra del periodismo de investigación, lo cual le permite ganar a cambio a Stan Lee, un personaje de una complejidad y unas contradicciones, si no fuera un tópico decirlo, casi shakespearianas.


Marvel Comics: La historia jamás contada

  • Sean Howe
  • Panini
  • 560 pp
  • ISBN:9788490243343

Enlace a Marvel cómics: La historia jamás contada en la página de la editorial

Teórico, guionista de cómic y novelista. Sus ensayos sobre cómic y narración gráfica son comercializados por Editorial Marmotilla. Como autor de ficción, se ha especializado en literatura fantástica y de ciencia ficción; sus relatos pueden encontrarse en Orciny Press y Salto de Página. Es autor de la novela Blitzkrieg!, que tiene como protagonistas a Nikola Tesla y Albert Speer. Tantoesta novela como su libro teórico "Jack Kirby. Una odisea psicodélica" son fruto de su investigación sobre sustancias enteógenas. También es autor literario y guionista de "Los Ángeles de María", una novela gráfica sobre el primer grupo católico de superheroes de la historia. Trabaja como profesor del departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Valladolid.

▶Narraciones gráficas. Del códice medieval al cómic.
▶La secuencia gráfica. El cómic y la evolución de su lenguaje.
▶Jack Kirby. Una odisea psicodélica.
Ediciones Marmotilla (Libros sobre cómic): https://lamarmotilla.com/publicaciones-dos/

▶Blitzkrieg!
Editorial Cerbero (Novela)
https://www.editorialcerbero.com/producto/blitzkrieg/

▶Teenage Thunder (Cómic)
https://www.grantlibreria.com/libro/los-angeles-de-maria-y-el-rescate-del-brazo-incorrupto-de-santa-teresa_6381

▶Los Ángeles de María (y el rescate del brazo incorrupto de Santa Teresa) dibujo: Julián Almazán
https://fatbottombooks.com/es/books/comic/los-angeles-de-maria-el-rescate-del-brazo-incorrupto-de-santa-teresa

▶Combustible Lovecraft
Orciny Press (Relato en antología colectiva)
https://www.orcinypress.com/producto/combustible-lovecraft/

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Salto de Página (Relato en antología colectiva)
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Teórico, guionista de cómic y novelista. Sus ensayos sobre cómic y narración gráfica son comercializados por Editorial Marmotilla. Como autor de ficción, se ha especializado en literatura fantástica y de ciencia ficción; sus relatos pueden encontrarse en Orciny Press y Salto de Página. Es autor de la novela Blitzkrieg!, que tiene como protagonistas a Nikola Tesla y Albert Speer. Tanto esta novela como su libro teórico "Jack Kirby. Una odisea psicodélica" son fruto de su investigación sobre sustancias enteógenas. También es autor literario y guionista de "Los Ángeles de María", una novela gráfica sobre el primer grupo católico de superheroes de la historia. Trabaja como profesor del departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Valladolid.

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