La herencia de Estzer

Un lector quiere, ante todo, leerse. Esta es una afirmación que considero cierta, porque tendemos a buscar como lectores un entendimiento de nosotros mismos en el mejor de los casos, aunque sólo digamos que la lectura es un mero entretenimiento en el peor de ellos. La novela La herencia de Eszter no pasaría desapercibida en un caso o en otro.

Sándor Márai (Košice, 1900 – San Diego, 1989) novelista, periodista y dramaturgo húngaro fue, desde luego, un escritor de gran prestigio en su época, lo que le salvó del nazismo. Con la llegada del comunismo se le tildó de burgués y se prohibieron sus obras. Sólo con su ocaso se ha recuperado su legado. Lamentablemente, se suicidó pocos días antes de la caída del muro de Berlín.

Desde luego, La herencia de Eszter no sólo es una historia contada con una gran delicadeza y naturalidad sino que se adentra en el conocimiento del alma humana, y de la mujer en particular, como sólo los grandes escritores saben hacerlo. El paternalismo que a veces asoma hay que encajarlo dentro de la época en la que se escribió que no empaña, no obstante, el encanto que esta obra destila. Destacan de manera especial, la perfección de su trama, la precisión de sus palabras (algo que distingue al autor) y la concisión, que parece en franca decadencia si observamos casi todas las obras actuales de cientos de páginas de repeticiones innecesarias.

Márai conduce con maestría a los personajes que ha perfilado sutilmente al lugar donde las pasiones se topan con la inevitabilidad que parece dominar el destino. Sin embargo, yo no creo en una visión mecanicista de la historia en general, ni de la biografía de Eszter en particular. Somos dueños de nuestros actos y podríamos cambiar el resultado de los avatares de la vida siguiendo otros caminos. Lo que ocurre es que solemos torpedear nuestro propio destino al sucumbir a las emociones. Una de ellas, que queda patente en la obra, es la imposibilidad del amor como eje de la vida, ya que no en pocas ocasiones es mucho más determinante un amor imposible que uno realizado.A pesar de lo dicho, sí creo que hay un orden en el mundo que no conocemos y que la vida es más sabia que nosotros, pero eso no incluye que no podamos luchar contra los vividores y aprovechados que nos rodean, apabullan y sangran. Eso, más bien, es debilidad de carácter, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Leer atentamente La herencia de Eszter puede ser un buen antídoto contra la inevitabilidad del destino o un reclamo para sucumbir a él.

por Berta Delgado